La cuna del Niño Jesús: reliquia viva del misterio de la Navidad
La Basílica Papal de Santa María la Mayor, en Roma, custodia una de las reliquias más conmovedoras del cristianismo: la Sagrada Cuna, que según la tradición acogió al Niño Jesús tras su nacimiento en Belén.
El Evangelio de san Lucas narra el acontecimiento central de la Navidad con palabras sencillas y profundas: «María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue» (Lc 2,7). Esta imagen de ternura y humildad ha conmovido a generaciones de creyentes y se ha convertido en símbolo del amor de Dios que se hace pequeño.
Inspirado por este pasaje, el papa Sixto III mandó construir en el año 432, dentro de Santa María la Mayor, una representación de la gruta de Belén. Desde entonces, la basílica fue conocida como Santa María ad Praesepem, es decir, Santa María del Pesebre, convirtiéndose en el primer lugar del mundo donde se veneró de forma estable este signo del nacimiento de Cristo.
Con el paso del tiempo, peregrinos que regresaban de Tierra Santa llevaron a Roma fragmentos de madera que la tradición identifica como parte de la cuna original. Estas reliquias, conocidas como el cunabulum, fueron colocadas siglos después en un relicario por disposición del papa Gregorio XI. Aunque los primeros relicarios se perdieron debido a reformas y saqueos, uno nuevo fue realizado gracias a la generosa donación de la duquesa María Emanuela Pignatelli.
La obra, diseñada por el arquitecto Giuseppe Valadier, conserva cinco listones de madera y destaca por su gran riqueza simbólica. La base de plata presenta escenas del misterio de la salvación, mientras que el relicario de cristal, con forma de cuna, es sostenido por querubines dorados. En su conjunto, la pieza invita a la contemplación del misterio de la Encarnación.
La Sagrada Cuna se encuentra bajo el altar mayor de la basílica. Antiguamente era expuesta a la veneración de los fieles durante las fiestas navideñas, pero hoy, por razones de conservación, solo se muestra en ocasiones especiales como la Misa del Gallo. Aun así, devotos de todo el mundo continúan acudiendo durante todo el año a orar ante este signo de fe.
Santa María la Mayor conserva además otros tesoros vinculados a la Navidad, como el pesebre más antiguo conocido, esculpido en 1288 por Arnolfo di Cambio, y el panniculum, un pequeño lienzo que, según la tradición, formó parte de los pañales con los que María envolvió al Niño Jesús.
Estas reliquias no son solo vestigios del pasado, sino una invitación permanente a contemplar el misterio del Dios que eligió la pobreza y la sencillez para habitar entre nosotros. En la humildad de una cuna, la fe cristiana reconoce el inicio de la salvación del mundo.
Fuente: Católica.net
