El pesebre: signo vivo de fe y esperanza en la Navidad

El pesebre es el símbolo por antonomasia de la Navidad, una representación sencilla y profunda del misterio de la Encarnación. Fue san Francisco de Asís quien, en la víspera de Navidad del año 1223, dio origen a esta tradición al crear el primer belén, con el deseo de ayudar a los fieles a contemplar, de manera cercana y tangible, el nacimiento de Jesús.

Con el paso del tiempo, otras expresiones navideñas se fueron incorporando a la celebración. El árbol de Navidad, por ejemplo, apareció siglos después, alrededor del siglo XVI en Alemania, como un elemento complementario que, si bien adquirió gran popularidad, no sustituye el valor central del pesebre como anuncio del Evangelio hecho imagen.

No hace mucho, era habitual encontrar belenes en juzgados, escuelas y espacios públicos. Sin embargo, en muchas naciones cristianas hoy secularizadas, su presencia ha sido restringida o incluso prohibida. Ante esta realidad, se vuelve aún más importante que cada templo cristiano exhiba un pesebre en sus terrenos y que cada hogar creyente coloque el suyo durante la Navidad, preferiblemente en un lugar visible, como testimonio público de fe.

En un contexto donde se promueve una visión del ser humano reducida a lo meramente económico, el pesebre se alza como un acto de resistencia espiritual y cultural. Recristianizar nuestros entornos comienza en casa y se extiende a las comunidades locales. 

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